A veces en la vida recibimos palabras o actitudes que duelen, lastiman, lasceran, que de forma extraordinaria (y si aprendemos a descifrarlas) pueden tener un valor inesperado. De alguna u otra manera, ese dolor nos muestra el camino, o nos empuja a tomar decisiones, o nos proteje de situaciones que podrían resultar aún más dolorosas. Creo que es por eso que en general, son las personas que más nos quieren y valoran las que pueden decirnos las cosas más terribles, esas que no queremos escuchar.
¿Qué mejor función podría tener el dolor si no es la de protejernos y avisarnos que hay algo que está mal?