15 de septiembre de 2010

Sonríe por mi, Patti, porque yo sonrío por ti



Querido Robert:

Cuando no puedo dormir, a menudo me pregunto si tú tampoco puedes. ¿Tienes dolor o te sientes solo? Tú me sacaste del período más aciago de mi joven vida y compartiste conmigo el sagrado misterio de lo que es ser artista. Aprendí a ver a través de ti y jamás he compuesto un verso ni he dibujado una curva que no provenga de los conocimientos que obtuve en nuestra preciada vida juntos. Tu obra, que emana de una fuente fluida, tiene su origen en la candorosa canción de tu juventud. Entonces hablabas de dar la mano a Dios. Recuerda que, en todo lo que has pasado, siempre has ido de esa mano. Cógela fuerte, Robert, y no la sueltes.
La otra tarde cuando te quedaste dormido en mi hombro, también yo me dormí. Pero antes de hacerlo pensé, mientras miraba todas tus cosas y creaciones, y repasaba tus años de trabajo, que de todas tus obras, tú continúas siendo la más bella. La obra más bella de todas.

Patti


Carta de Patti Smith a Robbert Mapplethorpe antes de su muerte

Éramos unos niños
Patti Smith

10 de septiembre de 2010

Dos ojos penetrantes se miraron en dos ojos penetrantes: el tipo santo de mente resplandeciente, y el tipo melancólico y poético de mente sombría

Corrían calle abajo juntos, entendiéndolo todo del modo en que lo hacían aquellos primeros días, y que más tarde sería más triste y perceptivo y tenue. Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas y entonces se ve estallar una luz azul y todo el mundo suelta un ¡Ahhh!

On the Road
Jack Kerouac

1 de septiembre de 2010

Las madrugadas son para cualquiera

En una noche cualquiera puedo dibujar el mundo en mi mente con un pedazo de alfajor y un vaso de chocolatada sobre la mesada. En un instante todo puede parecer acabado pero al segundo la sensación de plenitud es intensa, el vacío puede tan desesperante como liberador. Al rato agarrar el lápiz y escribir unas cuantas palabras en mi cuaderno de espiral, fragmentos claramente inspirados por la lectura que antecedió el momento. Ser detallista hasta el cansancio aunque nunca me canse realmente de serlo. Y tirarme al piso a su lado con los ojos cerrados escuchando la perfección que no para de sonar, en conexión solidaria y armónica con el universo en su totalidad. Perder el control quedando paralizada, una contradicción puramente mental. Crear colores nuevos con pasteles robados y odiar al sistema que vuelve un pedazo de arte en un producto inaccesible. Ser feliz, atravesada por la soledad y sentir en el aire la red que me une con todo lo demás. Pensar intensamente y quedar en blanco con suma facilidad, olvidarme de las cosas y desesperarme por recordar. Sentir que mi corazón late a mil por segundo y mirar en dvd su último concierto perfecto. Escucharla hablando de lo inhumano del capitalismo y por otro lado, rogarle a él por mensaje de texto que no lo chupe el sistema. Buscar inscansablemente. Leer, leer, leer hasta que el libro me aplaste. Respirar al ritmo del crujido de las persianas y admirar su cara aunque no esté conmigo. Dejar fluir la imaginación hasta volverla realidad. Mirarlas sentadas charlando trivialidades, borrosas por el humo y la cerveza. Pararme y bailar con él hasta que me duelan las costillas. Reírme tan fuerte de los miedos irracionales hasta quedarme dormida.