20 de marzo de 2010

Presencia


su viaje fue parte de su vida, fluyó como fluyen las historias sin vueltas. Como fluyen las vidas de aquellos que simplemente son, que sencillamente viven. Su exilio fue un destierro sin dolor. Como los de aquellos que llevan el hogar en su esencia. Así pues, hizo del nuevo suelo su propia tierra. Y trajo vida al mundo, con la confianza y la seguridad de quien sabe que les aportará dignidad. Construyó el camino del abastecimiento de lo esencial. Cometió errores y aciertos, pero eligió.
Eligió el poder de decidir su propio camino, y lo caminó como un rey. El sabe que tiene sangre azul, pero sólo porque es rey áquel que camina la vida con una sonrisa a cuestas. Es el rayo de luz, la fuerza vital en acción. El que atropella, el que nunca se resigna. Es la risa que contagia amor, es la paz de los brazos que protegen lo que tocan. Habla con la nostalgia y la alegría entrelazadas con una armonía perfecta. Extraña la tierra que lo vio nacer, porque allí vive la adversidad que le dio la fuerza. Sus ojos cuentan el dolor atravesado, transmutado, disuelto, transformado en la energía de la vida, en el disfrute de lo sencillo, en la alegría de un banquete, en el trance de la música. Es el rayo fulminante y luminoso. Es la luz que transforma. Es la energía que nunca muere.



Hay personas en la vida que nos transforman con su presencia poderosa.
Para mi nono.