17 de agosto de 2010

¿Acaso un hombre consciente puede respetarse a sí mismo?

Fiódor Dostoievski, Memorias del Subsuelo.

Algo muy distinto es comprenderlo todo, tomar conciencia de todo, de todos los imposibles y muros de piedra; no resignarse a ninguno de estos imposibles y muros de piedra si a ustedes les da asco resignarse; llegar, a través de las combinaciones lógicas más inevitables, a las conclusiones más abominables sobre el eterno tema de que hasta del muro de piedra uno se siente como culpable, aunque sea a todas luces evidente que uno no es culpable en absoluto, y, en consecuencia, rechinar en silencio y con impotencia los dientes y abandonarse voluptuosamente a la inercia, soñando con que incluso no tienes contra quién enfurecerte; que la furia no tiene objeto y que acaso no lo tendrá nunca, que se trata de un truco, de un engaño, de una trampa, que se trata sencillamente de un lodazal, que no sabemos qué ni quién, pero que, a pesar de toda esa incertidumbre y ese engaño, el dolor de ustedes no cesa, y cuanto más ignoran ¡más les duele!

¡Oh, si sólo no hubiera hecho nada por pereza! ¡Señor!, ¡cómo me respetaría entonces a mí mismo! Me respetaría justamente porque al menos sería capaz de ser perezoso; al menos tendría una especie de cualidad positiva de la cual sentirme seguro. Pregunta: ¿quién es éste? Respuesta: un perezoso; pero si hasta eso sería agradable de escuchar sobre uno mismo. Significaría una definición positiva, significaría que hay algo que decir sobre mí. "¡Perezoso!", pues eso es todo un título y un nombramiento, es una carrera, señores. No bromeen, así es. Entonces tendría derecho a ser miembro del club más exclusivo y habría dedicado mi tiempo sólo a respetarme.

En definitiva, señores: ¡es mejor no hacer nada! ¡Es mejor la inercia consciente! Así que ¡viva el subsuelo! Aunque antes haya dicho que envidio al hombre normal hasta la última gota de mi bilis, no quisiera ser como él en las condiciones en las que lo veo (pero así y todo no dejaré de envidiarlo). ¡No, no, siempre es mejor el subsuelo! Por lo menos ahí es posible...¡Eh! ¿Pero también ahora estoy mintiendo! Miento porque yo mismo sé como dos por dos son cuatro que el subsuelo no es lo mejor, que lo que ansío es algo diferente, completamente diferente, ¡pero que no puedo encontrar! ¡Al diablo el subsuelo!

(...) porque todos nosotros nos hemos desacostumbrado de vivir, todos cojeamos, quien más quien menos. Nos hemos desacostumbrado tanto que a veces le sentimos cierta aversión a la auténtica "vida viva" y por eso no podemos soportar que nos la recuerden. Hemos llegado hasta tal punto, que casi consideramos la auténtica "vida viva" como un esfuerzo, casi como un trabajo, y en nuestro fuero íntimo todos estamos de acuerdo en que es mejor vivir como en los libros. ¿Y qué es lo que a veces nos da hormigueo, por qué hacemos extravagancias, qué es lo que pedimos? Ni nosotros mismos lo sabemos.

Vean: la razón, señores, es una cosa buena, esto es indiscutible; pero la razón es sólo la razón y satisface únicamente la capacidad del hombre de razonar, mientras que el deseo es la manifestación de toda la vida, es decir de toda la vida humana incluyendo la razón y todos los cosquilleos. Y aunque en esta manifestación nuestra vida revela a menudo toda su miseria, sigue siendo vida y no la mera extracción de una raíz cuadrada. (...) La razón sólo sabe lo que ha llegado a saber (...), mientras que la naturaleza humana actúa en conjunto, con todo lo que hay en ella, consciente e inconscientemente, y aunque pueda errar, vive.