Quería hacer feliz a todo el mundo. Pensaba que era fácil. Las palabras le salían sin pensarlas, pero a veces no era lo que decía exactamente lo que pensaba. Eso lo asustaba. Todo lo que le rodeaba era extraño, hasta qué punto se puede vivir separado del mismísimo lugar dónde uno está parado? Quizás no somos eso que se para, quizás seamos otra cosa. El cuerpo es transitorio, aleatorio, incluso innecesario. La vida es una oportunidad para cambiarlo todo. O varias oportunidades para no cambiar nada. Pero estaba tan loco que pensaba siempre en terminar. Y nada cambia. El mundo sigue su rumbo, las mentes fluyen, los corazones se retuercen, el sudor cae en los rostros del esfuerzo vano, inútil. Las historias se cuentan y se callan, pero se acumulan. Cae el agua desde el más allá pero después para, siempre para. Pero el, es. Y todo lo anterior no es nada. Aunque lo entienda, es feliz. Nada puede detener su expansión. Ni siquiera toda la mierda atrapada en este mundo que lo rodea.