5 de agosto de 2011
Pasado
Ese velador plateado, ese olor a perfume ochentoso, esas manos con las uñas cortas, ese vestido blanco de corderoy, los lunares, los conejos, el sombrero hecho con diarios, las copas rotas, el mantel en el piso, los gritos, las risas, ese abrazo, el alma rota en pedazos, la soledad, la fiebre, el abandono, las hojas, las confesiones, el cuero, el ascensor, el mar, esa mirada, la tristeza infinita, el miedo, la muerte, la caída, la desintegración, las carcajadas, el telón, las caras, los fantasmas, el micrófono, los aplausos, la desesperación, la despedida, los puños apretados, los intentos, las amenazas, el odio y el amor, el resentimiento y el perdón, la furia, la autodestrucción, el análisis, la repetición y la evitación, la negación y la aceptación, el rechazo y la incondicionalidad, los cuadernos, los lápices, el piano, la vieja, la lejanía, la inmensidad, la bandera, los saltos, los chistes, las peleas, las conversaciones a la madrugada, el maestro, la maestra, el futuro, las ausencias, las lágrimas, las preguntas, los objetos que cobran vida, las noches que no podés mantenerte de pie, la única salida, las últimas flores. Es demasiado. Demasiado brillante. Demasiado poderoso.