9 de octubre de 2011

Sentí compasión por el que cree que vivir en la superficie es más cómodo que vivir en la profundidad.

La charlatanería es como el aire que parte las estalactitas y las vuelve a convertir en polvo. Yo no participo. Espero. Río. Sé que la superficialidad desintegra las corrientes subterráneas que todo el mundo busca. Los ríos subterráneos de sueños, de yoes cada vez más profundos que discurren por debajo.
Mi recompensa es que a menudo me veo llevada a estos lugares, y encuentro a un personaje mucho más fascinante.
Sin embargo, por la noche me siento cansada, no tanto como antes, por mis propios fingimientos y papeles, sino debido a mi soledad, a mi incapacidad de permanecer en la periferia. Esta necesidad de una vida más profunda tira de mi y me aleja de los ambientes más perfumados, más atractivos y estéticos, y me hace renunciar cada día a cierto placer, a cierto jardín flotante, a cierta frivolidad, a cierto objeto brillante. Me hubiera gustado vivir algunos días en las páginas de Vogue o Harper´s Bazaar.
Pero prefiero mis regiones submarinas.


Anais Nin