25 de febrero de 2012

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Cuando estamos completamente seguros que aprendimos algo, llega la vida. Y todo lo que sabíamos incorporado o asimilado, no lo estaba tanto. Es cuando la práctica pone a prueba todo lo que aprendemos de forma introspectiva. Cuando llega el momento de entrar en acción y el proceso de aprendizaje se afirma. A veces, la necesidad de adaptarnos a las situaciones que se nos presentan puede tener el poder para que nos engañemos a nosotros mismos. Pero también puede pasar que, más allá de todos los condicionamientos (propios y ajenos), sigamos sosteniendo la experiencia a través de algo superior (llevar a la acción lo que internamente sabemos). Estar presente, fuera de las teorías o de los intentos. La experiencia requiere poner el cuerpo, y todo lo que hay que hacer es entrar de lleno en ella. Sin importar los prejuicios infundados, el intento de clasificarnos y esa necesidad desesperante que tienen las personas de querer meternos en un molde donde todo tiene que tener una estúpida lógica estereotipada. Lo importante es salir de la experiencia siendo leal a lo que somos para afirmar el aprendizaje de aquello que conocemos una y otra vez desde esa intuición que parece la mente pero no la es.