No todos nosotros estamos destinados a permanecer atados al monótono trabajo de cada día. Algunos de los que rechazamos las monótonas tareas cotidianas, hemos logrado que se nos desarrollara un magnífico talento para la vida. Tú tienes la capacidad de florecer en ese ocio que desconocen los hombres que permanecen siempre con los arreos puestos. Tú estás dotado para la amistad, para el amor, para la vida humana. En otros, estas cualidades se atrofian. Das a la vida tus grandes dotes. Proporcionas amplitud, poesía, fantasía e imaginación a la aventura, porque tienes la costumbre de buscar el placer y la libertad.
Ninguno de esos hombres laboriosos sabe cómo explotar el presente hasta lograr sacarle sus más íntimos perfumes y riquezas sin pensar en mañana, sin reservarse para el trabajo del día siguiente. Esta canalización de la energía, que avanza libremente, atrofia la vida humana. El trabajador disciplinado no llega nunca a obtener placeres gratuitos, no tiene la costumbre de esperar a que las cosas florezcan; carece del tiempo y la paciencia necesarios para cultivar las flores que nacen hasta su máxima fructificación. Las pautas que siguen les clasifican y anquilosan, les cristalizan y endurecen. Son verdaderos autómatas.
Cada vez que una persona sacrifica el presente, este presente es asesinado, abortado, y, al final, vive en constantes aplazamientos, negaciones, miedos, sequedades.
El objetivo consiste en vivir plenamente. La risa surgida de la irresponsabilidad. La tolerancia que nace de sus propios defectos. La jugosa aventura que brota de la verdadera independencia. Independencia de lo externo, de lo interno. La verdadera libertad ante el miedo que no deja que lo tenga que ser sea.
A. Nin
Diario III