28 de noviembre de 2012

Nono

Nos hace creer que no, pero la mente nos propone una sola opción para lidiar con la muerte de alguien que amamos. Aferrarnos a su vida terrenal y todo aquello que podemos percibir con los sentidos: su olor, su mirada, su voz.  Podemos sufrir mucho ante ese hecho inevitable, ante la imposibilidad de volver a sentirlo, olerlo, mirarlo o escucharlo otra vez. 
Hace dos días el cuerpo de mi nono se fue. Y todo lo que siento y vivo se volvió débil. 
Lo lloré con tristeza durante todo el día, hasta que entré a su casa por la noche. Nino, cuando vi tus cosas y sentí tu presencia, estabas ahí, estabas allá, estabas antes, ahora y después. Estás infinitamente. Y si ya eras un ser profundamente despierto en este plano, el terrenal; ahora sos, junto a ese todo perfecto que somos todos.
Vos no me enseñaste con las palabras, no hicieron falta. Tu vida fue el único y el mejor ejemplo. Tu forma de ayudarme a convertirme en la persona que soy.
Vuelvo a agradecer ahora y siempre al universo por poner a mi lado a un ser como vos. Un ser infinitamente presente, que disfrutaba con su alma de la música, que luchaba hasta el final por lo que quería, que no se definía por la mirada de los demás, a la que incluso a veces desafiaba, que todo lo hacía con alegría, que amaba, que abrazaba fuerte, que miraba profundamente, que sentía una pasión irrefrenable por la vida.  
Gracias por haberme dado las señales que me diste. Gracias por el sueño de la semana anterior, por esa última comida y todo lo que me dijiste esa noche, gracias por darme la posibilidad de acompañarte en ese, tu último momento en esta vida, por dejármelo vivir en carne propia, por haberte expresado tan vívidamente dentro mío.   
Esta vida, la mía, siempre será una expresión de la tuya. 


9 de noviembre de 2012

Franny Glass

     Lo único que sé es que estoy perdiendo el juicio -dijo Franny-. Estoy harta de ego, ego, ego. El mío y el de los demás. Estoy harta de que todo el mundo quiera llegar a alguna parte, hacer algo notable, ser alguien interesante. Es repugnante..., lo es, lo es. Me da igual lo que digan los demás.
     Lane alzó las cejas al oír esto, y se apoyó en el respaldo para ser más convincente.
     -¿Estás segura de que no tienes miedo de competir? -preguntó con estudiada calma-. Yo no entiendo mucho de esto, pero apostaría a que un buen psicoanalista, quiero decir uno que fuera realmente competente, tomaría esa afirmación...
     -No tengo miedo de competir. Es justamente lo contrario. ¿No lo comprendes? Me da miedo ver que acabaré compitiendo, eso es lo que me asusta. Por eso dejé el curso de teatro. Precisamente porque estoy tan horriblemente condicionada a aceptar los criterios de los demás, y precisamente porque me gusta el aplauso y que la gente me admire, pero eso no lo justifica. Me avergüenzo de ello. Me da náuseas. Me asquea no tener el valor de no ser nadie en absoluto. Me da asco de mí misma y de todos los que quieren causar sensación -hizo una pausa y de pronto tomó el vaso de leche y se lo llevó a los labios-. Lo sabía -dijo, dejando el vaso en la mesa-. Esto es una novedad. Me pasan cosas raras con los dientes. Me castañean. Anteayer estuve a punto de romper un vaso con los dientes. Es posible que esté total y absolutamente loca sin saberlo. 

Franny y Zooey
J.D. Salinger

Zooey Glass

Lo que me deja perplejo, realmente perplejo, es que no puedo entender por qué alguien, a menos que fuese un niño, o un ángel o un simplón afortunado como el peregrino, desearía rezarle a un Jesús que sea mínimamente diferente de como aparece en el Nuevo Testamento. ¡Dios! ¡Es sólo el hombre más inteligente de la Biblia, eso es todo! ¿A quién no le saca la cabeza y los hombros? ¿A quién? Ambos testamentos están llenos de sabios, profetas, discípulos, hijos predilectos, Salomones, Isaías, Davides, Pablos..., pero, santo Dios, ¿quién, aparte de Jesús, sabía realmente de qué se trataba? Nadie. Moisés, no. No me digas que Moisés. Él era un buen hombre y mantenía una hermosa comunicación con su Dios, y todo lo demás, pero ésa es exactamente la cuestión. Tenía que mantener la comunicación con Él, Jesús se dio cuenta de que no existe separación de Dios -aquí Zooey dio una palmada, sólo una, y no fuerte, y muy probablemente sin proponérselo. Sus manos estaban cruzadas de nuevo sobre su pecho casi antes, por así decirlo, de que la palmada se apagara-. ¡Dios, qué inteligencia! -dijo-. ¿Quién, por ejemplo, habría permanecido en silencio cuando Pilatos le pedía una explicación? Salomón, no. No me digas que Salomón. Él habría pronunciado unas palabras sentenciosas en semejante ocasión. Y no estoy seguro que Sócrates no hubiera hecho otro tanto, la verdad. Critón, o el que fuese, habría logrado ganar el tiempo suficiente para pensar un par de frases bien escogidas para la historia. Pero, sobre todo, quién en la Biblia, además de Jesús, sabía, sabía, que llevamos el reino de los cielos en nosotros, en nuestro interior, donde somos demasiado estúpidos, sentimentales y faltos de imaginación para buscarlo. Hay que ser hijo de Dios para saber esas cosas. 

Franny y Zooey
J. D. Salinger

28 de octubre de 2012

23 de octubre de 2012

Fotografiando a Bruno


19 de octubre de 2012

Run run run run run run run away




I am Bruno

>



A Bruno le gusta morder todo y las caricias en la panza también. No le gusta estar solo y cada vez que me voy lo dejo comiendo porque no soporto escucharlo llorar mientras espero el ascensor. Bruno tiene más energía a la madrugada, y en eso se parece mucho a mi. Le encanta dar besos y cada vez que llego me da miles, y de paso llora, porque no puede más de la alegría. Bruno tiene una mancha muy blanca en la cabeza, y eso contrasta con el resto de su pelo, que es todo marrón. Y le gusta correr los juguetes, y traerlos de vuelta, y hacerse el que no quiere que se los saque, cuando en realidad es lo que más quiere. Y le encanta la gente, y le encantan los perros. Y tiene tantas ganas de salir a la calle. Pero todavía tiene tres meses y tiene que esperar. Bruno duerme todos los días al lado mío. Compartimos la almohada, aunque a veces prefiere usar mi cuello para apoyar su cabeza mientras duerme. Y las orejas me tapan los ojos pero no me importa, porque total los voy a cerrar. Bruno es rápido e inteligente, y prácticamente es imposible de engañar. Y esa es la cualidad que más me gusta de él.

17 de octubre de 2012