Lo bueno de mirarte es que nunca sos igual. Estás en constante movimiento, como el mar, al que no importa cómo lo mires ni desde donde, siempre es diferente. Sos un poco de todo, aunque podés también no ser nada. De ahí que tus silencios sean tan o aún más sabios que tus palabras. De ser un elemento natural, serías el fuego, sin dudas. Por lo indomable. Aunque también sos estable como la tierra, huidizo como el agua y vital como el aire. De hecho, podrías ser el quinto elemento. Por lo indispensable.